lunes, 9 de marzo de 2020

IV. La Ronda Histórica

Restos de la muralla en la calle Menéndez y Pelayo antes de su destrucción en 2011

Desde la Plaza de Refinadores tenemos que dar un buen salto en el callejero para encontrar otro tramo de la muralla almohade de Isbiliya. En febrero de 2011 aparecía en la avenida Menéndez y Pelayo un pequeño tramo de la muralla tras el derribo de un edificio en la esquina con el Pasaje de Zamora como atestiguan estas imágenes, pero al cabo de pocos meses la muralla fue destruida y enterrada en hormigón, desapareciendo este pequeño trozo de nuestra historia.




Mejor suerte ha tenido este otro tramo que se puede ver desde la calle San Esteban y que corre paralelo a la calle Tintes. De hecho, los edificios que hay entre Menénez y Pelayo y la calle Tintes se apoyan en un lienzo de muralla de varios metros de longitud que se conserva en la medianera de estas viviendas. En este punto la muralla enlazaba con la Puerta de Carmona a dónde llegaba el acueducto y desde dónde se distribuía el agua hacia otros puntos de la ciudad.

Tramo de muralla paralelo a la calle Tintes, en Puerta de Carmona

De nuevo debemos recorrer el callejero de la ciudad durante varios metros por la calle Muro de los Navarros (llamada así precisamente por la antigua muralla) para enlazar con lo que fue la Puerta Osario, actualmente destruida pero de la que se conserva un pequeño tramo de muralla que durante años sirvió de sustento a una casa derribada en agosto de 2014.

Tramo de muralla aparecido en la calle Valle tras el derribo de una casa de la calle Puñonrostro en agosto de 2014


Desde aquí debemos seguir por la calle Valle para ver otro trozo de la muralla, en los Jardines del Valle, donde se conserva un pequeño tramo que venía por la calle Valle y todo un frente que fue salvado del derribo cuando hace unas décadas desapareció el Colegio del Sagrado Corazón. La presión vecinal y ciudadana consiguió que en lugar de construirse bloques de viviendas se habilitase una pequeña zona verde que conservara la muralla almohade.






Además de la muralla y sus almenas, se conservan varias torres en el interior del Jardín. Al igual que en el tramo de la calle Tintes, ningún tipo de información indica al visitante la importancia de estos restos y su centenaria historia.




El año de 1868 será recordado en la intrahistoria de Sevilla como la fecha en que desapareció no sólo gran parte de la muralla que había protegido a la ciudad de invasiones y riadas, sino cuando se demolieron sin contemplaciones las puertas que aún quedaban en pie tras el derribo de otras tantas a lo largo de la segunda mitad del XIX. Poco quedaba del origen islámico de muchas de ellas tras las reformas renacentistas y barrocas pero sin duda la imagen de Sevilla sería completamente diferente de haberse conservado puertas como la de Carmona. Siguiendo nuestro paseo por la Ronda Histórica, construida precisamente tras el derribo de las murallas como un intento de abrir la ciudad al exterior, llegamos a la iglesia de San Hermenegildo donde aparecen de nuevo elementos islámicos que nos indican la presencia de la muralla almohade. 

En este punto se encontraba la Puerta de Córdoba, de la que se conserva una pequeña parte donde según la leyenda estuvo preso San Hermenegildo, adosada como capilla a la iglesia del mismo nombre. En el suelo de la plaza que da acceso al templo podemos ver como, en la última reforma, se adoquinó el suelo dejando a la vista lo que fueron los muros de la puerta islámica y su acceso en recodo. De nuevo, ni un sólo cartel indica el sentido de este cambio de pavimento.





Y llegamos a la muralla de la Macarena, la que todos conocemos y la que aparece siempre en las postales de la ciudad. Atribuida durante muchos años a época romana, el material con que fue construida y su ubicación, tan lejos de la ciudad romana imperial, demostraron que esta muralla no podía ser otra que la almohade, construida en la segunda mitad del siglo XII para defender en flanco norte de la ciudad.



Cuando se construye la muralla, los almohades previeron el posible crecimiento de Isbiliya y no sólo se cercó la ciudad consolidada, sino que se añadieron varios miles de metros cuadrados más para futuras ampliaciones y que, además, servían como zona de cultivo. De esta manera, en caso de asedio, la ciudad se autoabastecía desde el interior sin necesitar los campos extramuros. 






Durante el derribo de finales del XIX esta zona quedó intacta ya que los planes de expansión de la ciudad apuntaban hacia el sur y el este, dejando la zona norte, donde estaba el Hospital de las Cinco Llagas sin urbanizar. En 1911 se abrieron dos huecos para favorecer el tránsito entre la zona norte del casco histórico y el exterior de la ciudad. Esto provocó la queja de la Real Academia de la Historia de Sevilla que intentó evitar, sin éxito, la destrucción de parte del lienzo de la muralla. La protesta fue en vano y se hicieron los agujeros facilitando el tráfico, pero dañando para siempre el único tramo que se había conservado intacto desde el siglo XII.

Puerta que se abrió en 1911 en la muralla de la Macarena.

Además de la muralla, la barbacana y el foso intermedio, se han conservado un buen número de torres en esta parte de la ciudad, destacando por encima de todas la conocida como Torre Blanca por su robustez y mayor tamaño.




El aspecto general de la muralla de la Macarena, sin ser malo, se podría mejorar con pequeñas pinceladas. La última gran restauración se realizó en los años ochenta para salvar el monumento de la ruina, pero desde entonces, salvo actuaciones puntuales, poco se ha hecho por poner en valor la muralla. Una mejor iluminación, la limpieza de sus paramentos y la visita a su interior deberían ser una prioridad patrimonial para el Ayuntamiento habida cuenta de la importancia del monumento. Un paseo por ciudades como Lugo, Barcelona, Salamanca o Ávila serviría de ejemplo para comprobar cómo sacarle el máximo partido a un monumento que es parte de la identidad de la ciudad.


Al igual que lo es la Puerta de la Macarena, la única junto con el Arco del Postigo que se conservó. El valor sentimental de este acceso lo salvó de la piqueta y lo convirtió en el mejor testigo del rico y variado conjunto de puertas que tuvo Sevilla. La fisonomía actual del Arco de la Macarena no es ni mucho menos almohade ya que en el siglo XVIII la puerta de Bab al Makrin fue dotada de todo un repertorio clásico formado por pilastras y elementos decorativos barrocos. Nada queda por tanto del primitivo acceso en recodo pero sí del alma del edificio, que sigue siendo islámico en su interior.



Culminamos aquí el largo paseo por el tramo mejor conservado de la muralla almohade con la esperanza de que algún día se cumpla la promesa municipal de poner realmente en valor el monumento para que los ciudadanos podamos recorrer su barbacana y visitar sus torres.





La próxima y última entrega tratará sobre los restos de la muralla que recorrían el tramo más conflictivo de la ciudad, el paralelo al río Guadalquivir.


Ver 'Las murallas de Sevilla (I): El Puerto almohade' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (II): El Real Alcázar' (
enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (III): El Callejón del Agua' (
enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)

III. El Callejón del Agua


El sistema defensivo del Alcázar no se acaba en las murallas que lo cercaban hacia la calle San Fernando y el puerto, sino que tenían un cierre que miraba hacia la propia ciudad y que comunicaba la alcazaba donde vivían los gobernantes en época almohade con la nueva Mezquita aljama cuyas obras culminarían en 1184. De estos lienzos de muralla apenas se ha conservado nada en el plano físico, pero sí en la toponimia de la ciudad. La Puerta de la catedral más cercana a la Giralda se conoce como Puerta de los Palos porque en este punto existió un acceso al recinto amurallado que separaba la ciudad del conjunto palatino. El nombre de 'Palos' viene por los canceles de madera que cerraban dicha puerta.


Pero volviendo al sistema defensivo del Alcázar que a día de hoy aún conservamos, seguimos nuestro recorrido en el punto donde dejamos la anterior entrega, el Patio de Banderas. En una de las esquinas de la antigua Plaza de Armas del Alcázar encontramos un angosto pasillo con dos recodos que nos llevan a la conocida como calle Judería. Un lugar muy famoso en la ciudad por su belleza, pero también por su importancia como escenario de la ópera Carmen de Bizet. En el arco que da a la calle Judería podemos ver cómo se conservan los goznes donde estarían ubicadas las puertas que cerraban este pasadizo cuyo fin era salvaguardar la seguridad de los gobernantes de Isbiliya. 



La actual calle Judería, con su romántica morfología regionalista (fuente incluida) esconde en realidad una vía de escape del Alcázar para huir de la ciudad en caso de asedio o revuelta, porque como ya hemos visto, el período almohade en la ciudad se caracterizó por una fuerte inestabilidad social. Si miramos hacia el pasadizo por el que acabamos de pasar vemos que en la parte superior se conserva una torre defensiva y que a izquierda y derecha tenemos murallas; estamos dentro del recinto de la alcazaba almohade pero en una zona especialmente vigilada y controlada.



Al fondo de la calle, casi oculta por el caserío, encontramos una pequeña puerta protegida a su vez por otra alta torre con un potente matacán desde el que poder defenderla. Esta puerta se comunica con los Jardines del Alcázar, exactamente con la zona donde se ubica la Puerta de Marchena.



Desde dentro de los Jardines esta es la visión que tenemos y a la derecha se reconoce la pequeña puerta. En la actualidad se trata de una zona ajardinada del Alcázar, pero en época almohade estos jardines acababan en la parte interior de la Puerta de Marchena (que es un añadido de principios del siglo XX). Todo este muro era una potente muralla que seguía por la Galería de Grutescos y protegía el Alcázar. La pequeña puerta estaba por lo tanto fuera del recinto, daba a campo abierto y estaba muy cerca del río, era la escapatoria perfecta para huir en caso de revueltas populares, pero también suponía un punto débil en las defensas de la ciudad, de ahí que esté protegida por la torre que vemos en la imagen y que una vez traspasada nos encontremos con poco más que un pasillo desde el que sería fácil contrarrestar un ataque.


Volviendo a la calle Judería nos encontramos otro lienzo de muralla en lo que se conoce como Callejón del Agua. Este muro además de defender esta zona de la ciudad tenía una misión fundamental en el día a día del Alcázar, suministrar el agua que llegaba desde los Caños de Carmona, ubicados un poco más al norte. De nuevo vemos una serie de torres y almenas con su paso de ronda para permitir el trasiego del ejército y velar por la seguridad de Isbiliya.



Dos grandes conductos cerámicos recorren este muro en su parte interna. Hoy en día son perfectamente visibles gracias a los cortes efectuados en la muralla para comunicar el barrio de Santa Cruz con los Jardines de Murillo pero en su día quedaban ocultos para garantizar el abastecimiento del Alcázar y evitar posibles daños.


Tras el corte, la muralla prosigue unos metros más como telón de fondo de los Jardines de Murillo, completamente embutida en el caserío de la zona.


Una última torre de planta cuadrangular muy modificada para convertirla en vivienda es visible en todo su esplendor antes de llegar a la Plaza de Refinadores donde el rastro se pierde definitivamente.


En otro de los accesos al barrio de Santa Cruz podemos ver cómo siguen las dos tuberías.


Los restos de una última torre sirven de epílogo a este sector de la muralla que no volverá a tener cierta envergadura hasta el tramo de los Jardines del Valle, aunque se conserva un pequeño lienzo junto a lo que fue la Puerta de Carmona. Pero eso lo veremos en la siguiente entrega.





Ver 'Las murallas de Sevilla (I): El Puerto almohade' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (II): El Real Alcázar' (
enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (IV): La Ronda Histórica' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)



II. El Real Alcázar

                 Antigua Fundición Real donde se encuentra un tramo de la muralla almohade


Una vez salvado el recinto de las atarazanas almohades que veíamos en la anterior entrega, la muralla continuaba hacia el Alcázar en dos tramos, creando una pequeña ciudadela en lo que es hoy en día la Casa de la Moneda. El tramo sur iba paralelo a la actual calle Almirante Lobo para entroncar con la muralla aparecida durante las obras del Metro en la calle San Fernando. Ambos lienzos de muralla se unían en la Puerta de Jerez y tenían como protección natural el arroyo Tagarete que discurría a los pies de la muralla. Actualmente este lienzo de muralla se conserva dentro de lo que es la Sala de Teatro La Fundición (almenas incluidas), antigua Fundición Real. Este tramo de muralla proseguía por la calle San Fernando hasta el actual Bar España girando hacia los actuales Jardines del Alcázar donde nos encontramos el siguiente resto aún visible hoy en día. Se trata de una torre totalmente desprovista de unión con cualquier lienzo de muralla y que más parece un elemento decorativo de los jardines que un elemento defensivo de la primitiva muralla almohade.

Torre almohade en los Jardines del Alcázar

Desde esta torre la muralla seguía en línea recta hacia el Alcázar a través de lo que hoy conocemos como Galería de los Grutescos, antigua muralla almohade transformada en galería decorativa y cortesana por Vermondo Resta entre 1612 y 1621.


Si volvemos sobre nuestros pasos hacia la Casa de la Moneda, recordamos que la torre de la Plata formaba parte de un tramo de la muralla que seguía por la calle Santander hasta la entrada monumental del recinto construida por Sebastián van der Borcht en el siglo XVIII. Bajo este edificio, al igual que dentro del restaurante 'La Casa del Tesorero' han aparecido recientemente nuevos tramos de la muralla almohade que reutilizaban construcciones islámicas anteriores del siglo XI. Se trata de la bautizada como 'Torre de Bronce' y la puerta de Bab Al-Kuhul que sería una de las salidas de la ciudad hacia el sur antes de la construcción de la Puerta de Jerez tras la ampliación almohade del cinturón de murallas. Según algunos estudios, este recinto de la Casa de la Moneda habría sido ocupado por la residencia palatina de Abu Hafs, hermano del emir Abu Yaqub Yusuf, el gran constructor de toda este conjunto de murallas que rodeaban el Alcázar hacia 1170.

Torre de Abd el Aziz 

En la zona comprendida entre el antiguo Coliseo España y la avenida de la Constitución nos encontraríamos un lugar abierto que serviría de antesala a una de las entradas al Alcázar, el Postigo de Abd el Aziz que tiene una torre hexagonal en un extremo y conserva su carácter defensivo con almenas en su parte superior. Esta plaza estaría también amurallada y en la zona sur el muro seguiría paralelo al de Puerta Jerez quedando a día de hoy un pequeño trozo que atraviesa perpendicularmente la calle San Gregorio. Esta muralla sería paralela a la de la calle San Fernando y dificultaría aún más el asedio de la ciudad por su frente sur ya que el atacante se encontraría con el río Tagarete, un primer cinturón de murallas y otro más una vez superado éste. 



A través de un gran patio de armas se llegaba hasta la entrada al recinto palaciego del Alcázar, hoy tapiada para crear el eje visual que todo conocemos desde la Puerta del León hacia el Patio de Montería. Tras entrar por esta puerta era necesario girar a la derecha para encontrar un segundo lienzo de muralla que es el que hoy está agujereado para dar acceso al Patio de la Montería. Un complicado y difícil sistema defensivo que demuestra la inestabilidad de la época y el miedo de los gobernantes no sólo al asedio cristiano, sino a las revueltas populares. 


Desde la Torre de Abd el Aziz la muralla continuaba por la calle Santo Tomás donde es perceptible otra torre empotrada en la Cilla del Cabildo (hoy subsede del Archivo de Indias)...



... para llegar nuevamente al Alcázar con sus potentes torres de piedra y ladrillo.


Los muros de piedra que protegen el Alcázar hacia la Plaza del Triunfo forman parte de la zona más antigua del recinto palaciego ya que se remontarían a los siglos X y XI tras la reconstrucción de la ciudad una vez conquistada por Abderramán III y la posterior ampliación del recinto en época taifa.



Si seguimos el lienzo de muralla hacia el Barrio de Santa Cruz nos encontraremos el primitivo acceso al Alcázar del siglo X-XI, en un nivel muy inferior al original por el recrecimiento de la calle pero que es posible vislumbrar en todo su esplendor desde el interior donde se conserva parte de la monumental puerta del Alcázar pre-almohade y de la que hicimos un reportaje hace unos años cuando era visitable.



Una de las casas del Patio de Banderas que pertenece al CSIC guarda en su interior este tesoro y para que podamos comprender mejor la complejidad de los accesos islámicos existe esta maqueta donde se observa perfectamente lo que era un acceso en recodo. Las dos torres que vemos a la derecha de la imagen se corresponden con la calle Joaquín Romero Murube, desde ellas se accedía por la puerta que hoy vemos tapiada y rehundida a un patio interior completamente rodeado por murallas que tenía una segunda puerta de acceso al Alcázar. El atacante debía atravesar ambas puertas mientras resistía el constante ataque desde torres y murallas. 


Concluimos aquí este segundo reportaje sobre el sistema defensivo de la Isbiliya almohade dedicado al Alcázar. La siguiente entrega versará sobre la muralla que recorre el callejón del Agua y los Jardines de Murillo.

Ver 'Las murallas de Sevilla (I): El Puerto almohade (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (III): El Callejón del Agua' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (IV): La Ronda Histórica' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)