lunes, 9 de marzo de 2020

III. El Callejón del Agua


El sistema defensivo del Alcázar no se acaba en las murallas que lo cercaban hacia la calle San Fernando y el puerto, sino que tenían un cierre que miraba hacia la propia ciudad y que comunicaba la alcazaba donde vivían los gobernantes en época almohade con la nueva Mezquita aljama cuyas obras culminarían en 1184. De estos lienzos de muralla apenas se ha conservado nada en el plano físico, pero sí en la toponimia de la ciudad. La Puerta de la catedral más cercana a la Giralda se conoce como Puerta de los Palos porque en este punto existió un acceso al recinto amurallado que separaba la ciudad del conjunto palatino. El nombre de 'Palos' viene por los canceles de madera que cerraban dicha puerta.


Pero volviendo al sistema defensivo del Alcázar que a día de hoy aún conservamos, seguimos nuestro recorrido en el punto donde dejamos la anterior entrega, el Patio de BanderasEn una de las esquinas de la antigua Plaza de Armas del Alcázar encontramos un angosto pasillo con dos recodos que nos llevan a la conocida como calle Judería. Un lugar muy famoso en la ciudad por su belleza, pero también por su importancia como escenario de la ópera Carmen de Bizet. En el arco que da a la calle Judería podemos ver cómo se conservan los goznes donde estarían ubicadas las puertas que cerraban este pasadizo cuyo fin era salvaguardar la seguridad de los gobernantes de Isbiliya



La actual calle Judería, con su romántica morfología regionalista (fuente incluida) esconde en realidad una vía de escape del Alcázar para huir de la ciudad en caso de asedio o revuelta, porque como ya hemos visto, el período almohade en la ciudad se caracterizó por una fuerte inestabilidad social. Si miramos hacia el pasadizo por el que acabamos de pasar vemos que en la parte superior se conserva una torre defensiva y que a izquierda y derecha tenemos murallas; estamos dentro del recinto de la alcazaba almohade pero en una zona especialmente vigilada y controlada.



Al fondo de la calle, casi oculta por el caserío, encontramos una pequeña puerta protegida a su vez por otra alta torre con un potente matacán desde el que poder defenderla. Esta puerta se comunica con los Jardines del Alcázar, exactamente con la zona donde se ubica la Puerta de Marchena.



Desde dentro de los Jardines esta es la visión que tenemos y a la derecha se reconoce la pequeña puerta. En la actualidad se trata de una zona ajardinada del Alcázar, pero en época almohade estos jardines acababan en la parte interior de la Puerta de Marchena (que es un añadido de principios del siglo XX). Todo este muro era una potente muralla que seguía por la Galería de Grutescos y protegía el Alcázar. La pequeña puerta estaba por lo tanto fuera del recinto, daba a campo abierto y estaba muy cerca del río, era la escapatoria perfecta para huir en caso de revueltas populares, pero también suponía un punto débil en las defensas de la ciudad, de ahí que esté protegida por la torre que vemos en la imagen y que una vez traspasada nos encontremos con poco más que un pasillo desde el que sería fácil contrarrestar un ataque.


Volviendo a la calle Judería nos encontramos otro lienzo de muralla en lo que se conoce como Callejón del Agua. Este muro además de defender esta zona de la ciudad tenía una misión fundamental en el día a día del Alcázar, suministrar el agua que llegaba desde los Caños de Carmona, ubicados un poco más al norte. De nuevo vemos una serie de torres y almenas con su paso de ronda para permitir el trasiego del ejército y velar por la seguridad de Isbiliya.



Dos grandes conductos cerámicos recorren este muro en su parte interna. Hoy en día son perfectamente visibles gracias a los cortes efectuados en la muralla para comunicar el barrio de Santa Cruz con los Jardines de Murillo pero en su día quedaban ocultos para garantizar el abastecimiento del Alcázar y evitar posibles daños.


Tras el corte, la muralla prosigue unos metros más como telón de fondo de los Jardines de Murillo, completamente embutida en el caserío de la zona.


Una última torre de planta cuadrangular muy modificada para convertirla en vivienda es visible en todo su esplendor antes de llegar a la Plaza de Refinadores donde el rastro se pierde definitivamente.


En otro de los accesos al barrio de Santa Cruz podemos ver cómo siguen las dos tuberías.


Los restos de una última torre sirven de epílogo a este sector de la muralla que no volverá a tener cierta envergadura hasta el tramo de los Jardines del Valle, aunque se conserva un pequeño lienzo junto a lo que fue la Puerta de Carmona. Pero eso lo veremos en la siguiente entrega.





Ver 'Las murallas de Sevilla (I): El Puerto almohade' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (II): El Real Alcázar' (
enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (IV): La Ronda Histórica' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)



II. El Real Alcázar

                 Antigua Fundición Real donde se encuentra un tramo de la muralla almohade


Una vez salvado el recinto de las atarazanas almohades que veíamos en la anterior entrega, la muralla continuaba hacia el Alcázar en dos tramos, creando una pequeña ciudadela en lo que es hoy en día la Casa de la Moneda. El tramo sur iba paralelo a la actual calle Almirante Lobo para entroncar con la muralla aparecida durante las obras del Metro en la calle San Fernando. Ambos lienzos de muralla se unían en la Puerta de Jerez y tenían como protección natural el arroyo Tagarete que discurría a los pies de la muralla. Actualmente este lienzo de muralla se conserva dentro de lo que es la Sala de Teatro La Fundición (almenas incluidas), antigua Fundición Real. Este tramo de muralla proseguía por la calle San Fernando hasta el actual Bar España girando hacia los actuales Jardines del Alcázar donde nos encontramos el siguiente resto aún visible hoy en día. Se trata de una torre totalmente desprovista de unión con cualquier lienzo de muralla y que más parece un elemento decorativo de los jardines que un elemento defensivo de la primitiva muralla almohade.

Torre almohade en los Jardines del Alcázar

Desde esta torre la muralla seguía en línea recta hacia el Alcázar a través de lo que hoy conocemos como Galería de los Grutescos, antigua muralla almohade transformada en galería decorativa y cortesana por Vermondo Resta entre 1612 y 1621.


Si volvemos sobre nuestros pasos hacia la Casa de la Moneda, recordamos que la torre de la Plata formaba parte de un tramo de la muralla que seguía por la calle Santander hasta la entrada monumental del recinto construida por Sebastián van der Borcht en el siglo XVIII. Bajo este edificio, al igual que dentro del restaurante 'La Casa del Tesorero' han aparecido recientemente nuevos tramos de la muralla almohade que reutilizaban construcciones islámicas anteriores del siglo XI. Se trata de la bautizada como 'Torre de Bronce' y la puerta de Bab Al-Kuhul que sería una de las salidas de la ciudad hacia el sur antes de la construcción de la Puerta de Jerez tras la ampliación almohade del cinturón de murallas. Según algunos estudios, este recinto de la Casa de la Moneda habría sido ocupado por la residencia palatina de Abu Hafs, hermano del emir Abu Yaqub Yusuf, el gran constructor de toda este conjunto de murallas que rodeaban el Alcázar hacia 1170.

Torre de Abd el Aziz 

En la zona comprendida entre el antiguo Coliseo España y la avenida de la Constitución nos encontraríamos un lugar abierto que serviría de antesala a una de las entradas al Alcázar, el Postigo de Abd el Aziz que tiene una torre hexagonal en un extremo y conserva su carácter defensivo con almenas en su parte superior. Esta plaza estaría también amurallada y en la zona sur el muro seguiría paralelo al de Puerta Jerez quedando a día de hoy un pequeño trozo que atraviesa perpendicularmente la calle San Gregorio. Esta muralla sería paralela a la de la calle San Fernando y dificultaría aún más el asedio de la ciudad por su frente sur ya que el atacante se encontraría con el río Tagarete, un primer cinturón de murallas y otro más una vez superado éste. 



A través de un gran patio de armas se llegaba hasta la entrada al recinto palaciego del Alcázar, hoy tapiada para crear el eje visual que todo conocemos desde la Puerta del León hacia el Patio de Montería. Tras entrar por esta puerta era necesario girar a la derecha para encontrar un segundo lienzo de muralla que es el que hoy está agujereado para dar acceso al Patio de la Montería. Un complicado y difícil sistema defensivo que demuestra la inestabilidad de la época y el miedo de los gobernantes no sólo al asedio cristiano, sino a las revueltas populares. 


Desde la Torre de Abd el Aziz la muralla continuaba por la calle Santo Tomás donde es perceptible otra torre empotrada en la Cilla del Cabildo (hoy subsede del Archivo de Indias)...



... para llegar nuevamente al Alcázar con sus potentes torres de piedra y ladrillo.


Los muros de piedra que protegen el Alcázar hacia la Plaza del Triunfo forman parte de la zona más antigua del recinto palaciego ya que se remontarían a los siglos X y XI tras la reconstrucción de la ciudad una vez conquistada por Abderramán III y la posterior ampliación del recinto en época taifa.



Si seguimos el lienzo de muralla hacia el Barrio de Santa Cruz nos encontraremos el primitivo acceso al Alcázar del siglo X-XI, en un nivel muy inferior al original por el recrecimiento de la calle pero que es posible vislumbrar en todo su esplendor desde el interior donde se conserva parte de la monumental puerta del Alcázar pre-almohade y de la que hicimos un reportaje hace unos años cuando era visitable.



Una de las casas del Patio de Banderas que pertenece al CSIC guarda en su interior este tesoro y para que podamos comprender mejor la complejidad de los accesos islámicos existe esta maqueta donde se observa perfectamente lo que era un acceso en recodo. Las dos torres que vemos a la derecha de la imagen se corresponden con la calle Joaquín Romero Murube, desde ellas se accedía por la puerta que hoy vemos tapiada y rehundida a un patio interior completamente rodeado por murallas que tenía una segunda puerta de acceso al Alcázar. El atacante debía atravesar ambas puertas mientras resistía el constante ataque desde torres y murallas. 


Concluimos aquí este segundo reportaje sobre el sistema defensivo de la Isbiliya almohade dedicado al Alcázar. La siguiente entrega versará sobre la muralla que recorre el callejón del Agua y los Jardines de Murillo.

Ver 'Las murallas de Sevilla (I): El Puerto almohade (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (III): El Callejón del Agua' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (IV): La Ronda Histórica' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)

I. El Puerto almohade



La llegada de los almohades a Isbiliya el 12 de enero de 1147 supuso la total transformación de la ciudad heredada de siglos pasados. La oposición de la ciudadanía al férreo control de esta nueva dinastía supuso no sólo que la ciudad tuviera que reconquistarse en 1150, sino la construcción de un potente entramado de murallas que protegerían a los nuevos gobernantes, diseñándose un complejo sistema defensivo en torno a los principales centros económicos, religiosos y de poder: el puerto, la nueva Mezquita aljama y la residencia de los gobernantes, el Alcázar. Se iniciaba una nueva etapa en la que Sevilla se convertiría en capital del Imperio Almohade y como tal, su estatus e importancia adquirieron un peso fundamental en el mundo islámico. En apenas cien años (entre 1150 y 1248 cuando la ciudad pasa a formar parte del reino cristiano de Castilla) Sevilla adquirirá las dimensiones que se mantendrán hasta bien entrado el siglo XIX, con un cinturón de murallas que concentraba la ciudad almohade y que a día de hoy se sigue observando en diferentes puntos del centro histórico.


Empezaremos este recorrido por las murallas de la Isbiliya almohade precisamente por el último elemento que se construyó dentro de su red defensiva, la Torre del Oro. Se trata de una torre albarrana (unida a las murallas por un lienzo de muro) de tres cuerpos de los cuales sólo es original almohade el inferior, construido entre 1220 y 1221. El segundo cuerpo fue un añadido y reconstrucción de época de Pedro I en el siglo XIV mientras que el último, con su bella linterna, es obra de Sebastián van der Borcht de 1760. Esta torre formaba parte del conjunto defensivo de la alcazaba donde tenían su residencia los gobernantes almohades pero además vigilaba la entrada al puerto. Según los últimos estudios realizados, la torre se encontraría prácticamente rodeada por el agua de los ríos Tagarete (que desembocaba en el flanco sur del edificio) y el Guadalquivir. Desde ella se vigilaría el acceso a las atarazanas, que se encontrarían en el solar del conocido como Corral de las Herrerías. El lienzo de muralla entroncaría en línea recta desde la torre hacia el cinturón de murallas que iban hacia el Alcázar.

                                       Lienzo de muralla cortado por la construcción del edificio Helvetia

Visión de la Torre del Oro desde el lienzo de muralla que comunicaba la torre albarrana con las murallas de la ciudad.

En el interior del actual edificio Helvetia se conserva parte del entramado de las murallas que defendían las posibles atarazanas almohades. El hecho de que este muro tenga almenas tanto en la parte interior como exterior ha llevado a muchos estudiosos a afirmar que esta zona de la ciudad estaba fuera de la ciudad y que servía para defender un punto clave de la economía del imperio: las atarazanas.



Desde un vano abierto en el muro de tapial de la muralla se puede observar el solar que ocupó el Corral de las Herrerías durante la Edad Moderna y que en época almohade albergaría los astilleros primitivos de la ciudad.



En este muro se puede observar una de las grandes puertas que servirían de acceso a las atarazanas. Además de esta puerta existiría una segunda que fue cegada en algún momento de la historia y que apenas es perceptible. Estamos, por tanto, en una zona que estaría completamente inundada o muy cercana al agua, que llegaría prácticamente hasta los muros de la ciudad para facilitar la entrada y salida de los barcos.



La Torre de la Plata, conocida así por su cercanía y menor entidad que la del Oro, sería el segundo baluarte de defensa de esta zona portuaria e industrial. La unión entre ambas torres no sería en línea recta, sino que existiría un gran quiebro que serviría de acceso a las atarazanas. Sin embargo siempre se ha especulado con que ambas torres tuvieran un lienzo de muralla que las uniera en línea recta por la calle Santander, un extremo que la arqueología deberá refrendar. Este segundo lienzo de muralla rompería por completo el acceso a las atarazanas por lo que, o bien nunca existió o fue construido en una etapa posterior para evitar el quiebro una vez que el astillero dejó de estar en uso al trasladarse la construcción y reparación de barcos a las nuevas atarazanas levantadas por Alfonso X en 1252.

Desde la Torre de la Plata el lienzo de muralla seguiría recto hacia el Alcázar a lo largo de la calle Santander y atravesando la actual Avenida de la Constitución hacia la calle Santo Tomás.




En el interior del recinto amurallado nos encontramos el espacio que ocuparían las atarazanas almohades, relativamente pequeñas en comparación con las cristianas pero de una entidad bastante importante teniendo en cuenta la época en que se construyeron, la segunda mitad del siglo XII.


Aquí es mucho más visible la puerta que se veía antes tapiada en la muralla. Por este gran acceso entrarían y saldrían los barcos del imperio almohade. El uso de piedra nos habla de la necesidad de proteger un punto débil de la muralla que podía ser atacado con mayor facilidad.


En el interior del arco se observan todavía los goznes donde se sujetarían las cancelas o puertas que cerrarían el espacio para evitar el asedio y entrada de enemigos.



A día de hoy apenas se ve una pequeña porción de la muralla que, según las prospecciones y estudios realizados, tendría enterrada más del doble de la altura que vemos. El proyecto para la construcción de un espacio dedicado a las tradiciones sevillanas en este solar preveía la recuperación de la cota original de la muralla, seguramente el único aspecto positivo de tan controvertido proyecto que ahora mismo está paralizado.


Las almenas y merlones supervivientes en este tramo de muralla inciden en esa idea de que este espacio formaba parte de la ciudad, pero al mismo tiempo estaba fuera por lo que podía ser un punto débil dentro del sistema defensivo de la misma. Se trata de un recinto amurallado independiente que se conectaba con el Alcázar por medio de murallas pero que podía protegerse de manera autónoma gracias a las torres del Oro y de la Plata y del conjunto defensivo que rodeaba las atarazanas. Un lugar con mucha historia y que todavía puede arrojar muchas luces para conocer cómo era la Isbiliya almohade. Mientras ese momento llega, no estaría de más que algún tipo de cartel ofreciese información sobre este interesante sector de la ciudad a sevillanos y visitantes para que no caiga en el olvido y se valore como merece.



Con esta entrada comenzamos un periplo por las murallas de la ciudad que, por su extensión, se realizará en varias entregas. La próxima parada, el recinto del Alcázar y su espectacular y complejo sistema defensivo.

Gracias a Antonio Arteaga por su inestimable participación en estas entregas dedicadas al sistema defensivo de la ciudad

Ver 'Las murallas de Sevilla (II): El Real Alcázar' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (III): El Callejón del Agua' (
enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (IV): La Ronda Histórica' (enlace)
Ver 'Las murallas de Sevilla (V): La Defensa contra el Río' (enlace)